Acallar el parloteo continuo en nuestra mente

Nuestra cultura occidental es una cultura parlante, nos cuesta quedarnos en silencio, y escuchar al otro.  Silencio significa quietud, interiorización y atender primero al otro, hablar, en cambio, es símbolo de acción, expresión y dinamismo. Con el silencio no buscamos una ausencia total de sonidos, incluso en los ambientes que nos inspiran tranquilidad y facilitan el silencio necesario para promover la introspección, no existe el silencio absoluto. El viento, las olas del mar, los pájaros en el bosque, y el latido de nuestro corazón siempre nos acompañarán, son la voz de la vida en sí misma, sonidos llenos de armonía que nos acompañaran en nuestro viaje interior.

No podemos dejar de tener en cuenta una aclaración histórica, nuestra cultura mediterránea tiene sus orígenes en la cultura grecolatina, en la que la retórica y la oratoria eran importantes, ya que al igual que hoy en día, la persona formaba parte de la sociedad en la medida en que se comunicaba con otros ciudadanos. Partiendo de ello, es comprensible que para muchas personas de nuestra cultura, el silencio les resulte incómodo, difícil de gestionar, llegando incluso a tenerle miedo. Sin embargo otras culturas dan una gran importancia al silencio, como la filosofía budista, donde el silencio y técnicas como la meditación forman parte de la vida diaria de las personas. 

Necesitamos romper el silencio en nuestra comunicación con otros, hablando enseguida, en ocasiones de forma impulsiva, incluso sin saber lo que vamos a decir y cómo nuestras palabras puede afectar al otro. Lo que no nos damos cuenta es que si no nos concedemos algo de tiempo para organizar nuestro discurso, lo más probable es que no controlemos la situación. Si estamos solos, sin interlocutor, nuestro diálogo interior nos puede llevar a un estado de ansiedad generada por nuestros propios miedos, o nos puede calmar en una situación estresante, todo dependerá de nuestra habilidad para ser conscientes de ese diálogo interior y nuestra capacidad para gestionar la voz interna.

Es nuestra propia voz interior, ese parloteo continuo del que en muchas ocasiones no somos conscientes, el que nos impide escuchar la voz de la naturaleza, o disfrutar de momentos de silencio. Un silencio que alberga tranquilidad y mansedumbre. Nuestra voz interior se convierte en un obstáculo para la escucha en atmósferas naturales apacibles, donde el silencio está lleno de ecos y sonidos, como el fluir de un rio, las hojas agitadas por el viento, los insectos y los pájaros, y otros muchos. 

Aprender a estar en silencio requiere atención, esfuerzo, voluntad, constancia, perseverancia, y tiempo. Ese tiempo tan valioso que nos ha sido arrebatado por el bienestar y que parece que pocos tienen. Hoy las personas se en constantemente asediadas por una gran cantidad de estímulos, con la necesidad de estar constantemente conectados con alguien o con algo. Este bullicio constante ocupa gran parte del tiempo de las personas, y puede secuestrar la mente de la persona, impidiéndole gozar de vivir plenamente el presente.  Las horas del día son las mismas para todos, por lo que será necesario identificar a «ladrones del tiempo» para poder dar espacio a la reflexión, la desconexión y el descanso. 

El parloteo mental es una actividad mental pasiva que realiza la persona, de la que no suele ser consciente, y a la que suele considerar como imposible de controlar, y que puede ser de diferentes tipos y afectar de diferentes maneras a nuestro estado emocional. El neurocientífico y psicólogo americano Ethan Kross distingue entre varios tipos de «cháchara» que puede arruinar nuestra salud:

– El parloteo negativo; incluye pensamientos pesimistas, autocríticos y autodestructivos. Nos generan emociones negativas hacia nosotros mismos y dañan nuestra autoestima.

– El parloteo preocupante; los pensamientos giran en torno a preocupaciones sobre el futuro y la anticipación de problemas y/o dificultades. Nos puede generar ansiedad y estrés, y nos impide disfrutar de los momentos agradables de nuestra vida.

– El parloteo comparativo; el pensamiento gira entorno a una continua comparación con los demás, con su apariencia física, con sus logros profesionales, familiares, económicos, etc. Este parloteo nos puede generar sentimientos de inferioridad, envidia o insatisfacción con nosotros mismos.

– El parloteo autoexigente; hace que nos pongamos estándares muy altos y demandas que sobrepasan nuestra capacidad real. Hay una presión pare ser perfecto y nos castigamos cuando no conseguimos las metas que nos hemos impuesto. Genera sentimientos de frustración, estrés y baja autoestima.

Nuestras voces interiores son una parte ligada a nuestra mente, forman parte de nuestra introspección y nos ayudan a planificar el futuro, a mantener el autocontrol, a recordarnos nuestros propósitos, a realizar simulaciones mentales, entender nuestros valores, contribuyen a la forma en que moldeamos nuestro carácter, etc. Nuestra mente tiene un espacio limitado para almacenar la información en un momento dado, si un parloteo continuo ocupa constantemente nuestra mente, actuará como un obstáculo para nuestra concentración, y nos impedirá disfrutar del momento presente. 

Por todo ello es necesario que nos tomemos el tiempo suficiente para centrarnos en nuestro interior en nuestras ajetreadas vidas, y diminuyamos el ruido que nos rodea, solo así podremos examinar nuestro dialogo interno. Nos será de utilidad también aprender estrategias para remodelar las conversaciones que tenemos con nosotros mismos en nuestro día a día, en caso de que dicho diálogo no vaya a favor de nuestro crecimiento personal. Se trata de mejorar nuestro diálogo interno con nosotros mismos para mejorar nuestra salud mental y física.

“Las voces en tu cabeza no solo hablan, gritan, alimentando un flujo interminable de auto duda, preocupación y arrepentimiento. Ahora imagina que puedes silenciar esas voces, convertirlas en aliados y transformar tu charla interior en una conversación constructiva"
Etahn Kross
Neurocientífico y Psicólogo americano